La Girola

La presencia de la girola en las catedrales medievales es incuestionable y, en su mayor parte, tienen relación con las iglesias de peregrinación -tan propias de la Edad Media- para facilitar el tránsito de peregrinos durante la veneración de las reliquias.

A partir del siglo XVI, la presencia de la girola servirá para dar mayor culto al Santísimo Sacramento situado en el presbiterio, a través de grandes arcos que lo comunican con el espacio posterior de la girola.

En el caso de la Catedral de Ourense, la construcción de la girola conllevó la modificación del triple ábside originario de la cabecera, necesaria para la yuxtaposición de este espacio. Su objetivo fue dotar de mayor espacio a la cabecera del templo para la ubicación de capillas a lo largo del siglo XVII y ventanales en la parte superior para iluminar el deambulatorio, siguiendo el proyecto de Simón de Monesterio, cuya muerte supuso un duro revés para la terminación de las obras.

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