Sábado Santo da sepultura do Señor

O Sábado Santo é tempo de espera. A Igrexa permanece en silencio xunto ao sepulcro. É un día de contemplación e recollemento. A Igrexa vive un dos momentos máis fondos e misteriosos do ano litúrxico. É Sábado Santo. Un día cheo de silencio e de esperanza. Non é o silencio da derrota; é un silencio de espera como o silencio do gran sementado na terra que xa prepara o milagre da vida. Hoxe a Igrexa cala… e contempla.

María guarda en su corazón la promesa de Dios. Aunque la noche sea profunda. Aunque el dolor sea inmenso. Aunque todo parezca terminado.  Porque quien ha confiado en Dios sabe que la historia no termina en el sepulcro. Por eso hoy, ante esta imagen santa, le pedimos a la Virgen El don del silencio que escucha a Dios. El don de la fe que permanece en la oscuridad.  Y el don de la esperanza que aguarda el amanecer de la Pascua.

Madre de la Soledad, acompaña a tu Iglesia peregrina. Acompaña a nuestras familias. Acompaña a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes atraviesan la noche del dolor o de la duda. Enséñanos a esperar contigo. Enséñanos a creer cuando todo parece perdido. Enséñanos a permanecer junto a la cruz.   Y cuando despunte la aurora del Domingo de Pascua… cuando la piedra del sepulcro sea removida… cuando la vida venza definitivamente a la muerte…  ¡Será el momento del Aleluya pascual!

 Virgen de la Soledad, ponte la cara bonita, que ya sabemos to er mundo, que el Domingo resucita”. Haz que también nosotros, como la Iglesia naciente, corramos a anunciar al mundo la noticia que no envejece: ¡Cristo vive! ¡Cristo ha resucitado! Amén” (Del sermón de los Caladiños).

Los comentarios están cerrados.