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El Bautismo del Señor

¿Bautizamos al hijo o lo dejamos sin bautizar? Esta es la pregunta que se hacen algunos padres jóvenes al nacer su hijo. ¿Cómo actuar cuando los padres han abandonado la práctica religiosa y viven su fe de manera débil y vacilante? ¿Qué decisión tomar cuando son divorciados, están casados civilmente o viven en «libre unión»? 

Todos los padres tienen derecho a pedir para sus hijos el bautismo cualquiera que sea su situación matrimonial o el grado de su fe actual. La condición de los padres no tiene por qué perjudicar al hijo. 

Dada la situación actual de no pocos padres, una postura responsable podría ser más o menos ésta: «Dios ama a nuestro hijo. Lo ama incluso más que nosotros mismos. Nuestra fe es hoy débil, no somos coherentes con todas las exigencias del cristianismo, pero deseamos para nuestro hijo lo mejor. Lo bautizamos porque queremos poner su vida bajo la acción salvadora de Jesucristo y de su Iglesia. Dios entiende nuestro gesto. Más tarde apoyaremos a nuestro hijo para que conozca a Jesús y su evangelio mejor que nosotros».

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