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Día 8º de la novena

 Día 8º de la novena

Hermanos, Jesús nos dice hoy una palabra que lo cambia todo: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre». Dios no es lejano. No es desconocido. Tiene rostro. Y ese rostro es Jesucristo. Mirando a Cristo aprendemos cómo es Dios: cercano, compasivo, misericordioso, entregado. Un Dios que no se impone, sino que se da. Y esa entrega alcanza su plenitud en la Cruz.

Jesucristo, el Señor, ha venido a comunicarnos la vida nueva que brota de la Cruz. No es una idea, no es un símbolo: es una vida real, que se nos ofrece.

Si permanecemos en su amor, Él permanece en nosotros. Y entonces nuestra vida cambia. Se convierte en templo de Dios. Su amor nos ilumina, transforma nuestra manera de pensar y de actuar, se abre a los demás y alcanza cada situación de nuestra vida.

Por eso, la devoción al Santo Cristo no es solo mirar una imagen. Es dejarnos transformar por ese amor que contemplamos. Es aprender a vivir desde la Cruz, con un amor que se entrega, que perdona y que salva.

Como nos recuerda el papa León XIV, Cristo se hace presente en medio de la comunidad. Y es ahí donde esa vida nueva se hace visible y concreta.  Hoy se nos pide algo claro: no quedarnos en una fe superficial. Vivir la vida nueva que Cristo nos da.

Momento de silencio:

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