SAN MARTIÑO DE TOURS
Día 11 de noviembre
Facer memoria da historia sagrada da nosa Igrexa é xusto e necesario para non deixarnos asoballar por tantas acusacións como se nos fan de pecado e de falta de testemuño cristián. Temos que tomar exemplo dos nosos santos, que viviron a virtude tantas veces en grado heroico, e sempre en ben dos máis pobres e desfavorecidos. Existe unha narración de Gregorio de Tours (538-673), que ven a dicir que a conversión dos suevos en Ourense debeuse a que San Martiño de Tours curou milagrosamente ao fillo do rei suevo Carriarico e, en pago da curación, nomeouno patrón tanto da Catedral coma da Diocese. O certo é que, cando nace Martiño de Tours, no 317, aquí en Ourense viviamos no período dos suevos (últimos de século IV ata os primeiros o século VI). E non chegará a nosa terra a fama da súa santidade ata que outro Martiño, neste caso San Martiño de Dumio, nos dera a coñecer ao santo taumaturgo da Pannonia en Hungría. Ambolos dous eran paisano, anque este era dous séculos posterior. Dende a curación milagrosa do fillo do rei Carriarico tódolos ourensáns convertéronse de aquela a verdadeira fe cristiá. E tamén dende aquela, cada ano os ourensáns somos fieis a celebración da festa do noso Patrón Martiño. Cando a Igrexa diocesana está a celebrar o Sínodo na procura de unha nova evanxelización para a nosa terra, non podemos menos de ollar ao pasado e aprender de San Martiño, evanxelizador das terras galas, sen esquecer ao outro San Martiño de Braga, que foi quen de evanxelizarnos aos galegos.













Lucas, 24, 29 – 31:
“Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron”.
Interiorizamos la Palabra:
¿Cómo encontrarnos con el Resucitado? San Lucas nos responde: está a nuestro lado. Acompaña nuestro diario caminar. Hace falta tener ojos limpios, claros, llenos de fe para reconocerle. Leer la Escritura y participar en la Eucaristía nos abrirá los ojos para comprender que el Señor vive y camina a nuestro lado.
Contemplamos:
Ourense, Compostela y Mondoñedo celebran a San Martín de Tours. Muchas parroquias de Galicia y de Ourense festejan a su santo patrono. En Ourense el magosto y las hogueras de los montes que rodean la ciudad se convierten en motivo etnológico y gastronómico de la fiesta. A la fiesta de San Martín se le ha unido también ahora la fiesta de la Galeguidade. Pero, claro, mucho hacia afuera y poco hacia adentro: la devoción a San Martín es más bien poca. ¡Esperemos que vaya en aumento. Haremos lo posible!
Oramos:
“Santo eres en verdad y digno de ser glorificado, Dios que amas a los hombres y les acompañas siempre en el camino de la vida. Bendito, en verdad, tu Hijo, que está presente en medio de nosotros cuando su amor nos congrega y, como en otro tiempo a los discípulos, nos explica las Escrituras y parte el pan”. Por intercesión de San Martín de Tours concédenos vivir la alegría del Evangelio, que él nos ha predicado. Por Cristo nuestro Señor. Amén. (Cfr. Misal Romano, Plegaria Eucarística por diversas necesidades II. Dios guía a su Iglesia por el camino de la salvación).]]>




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Juan 10, 11- 14:
“Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersas; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen”.
Interiorizamos la Palabra:
Jesús explica la relación que tiene con sus ovejas: las llama por su nombre, las conoce una a una y ellas le conocen. Las saca a los mejores pastos. Todo ello indica una gran intimidad, una participación de vida, una pertenencia mutua. Jesús aprovecha el momento para anunciar que muere libremente por las ovejas para que tengan vida.
Contemplamos:
El papa Francisco señala un nuevo estilo episcopal para una Iglesia en salida a las periferias de la existencia humana: de servicio al pueblo de Dios, de vida entregada a los fieles, del pastor que anima e ilusiona a los suyos, del padre lleno de misericordia, que disculpa y perdona. Pero no de palabra, sino de obra. San Agustín define el ministerio episcopal como amoris officium: “El Obispo, cuando enseña, al mismo tiempo santifica y gobierna el Pueblo de Dios; mientras santifica, también enseña y gobierna; cuando gobierna, enseña y santifica” (Juan Pablo II, Pastoris Gregis.9)
Oramos:
“Señor Dios nuestro, que infundiste en San Martín de Tours espíritu de verdad y amor para apacentar a tu pueblo, concede a cuantos celebramos su memoria crecer en santidad, imitando su ejemplo”. Por Cristo nuestro Señor. (Cfr. Misal Romano, Común de Pastores).]]>

Lucas 18, 22.
“Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme”.
Interiorizamos la Palabra:
El joven rico cumple todos los mandamientos. Es un joven inquieto, insatisfecho, que busca y que tiene buenas intenciones. Jesús le invita a seguirle más de cerca, entrando a formar parte del grupo de sus íntimos. Pero algo le falta: debe desprenderse de todo cuanto tiene y darlo a los pobres. Dejarlo todo. El joven rico no es valiente, porque se fija más en lo que va a perder que en lo que puede ganar.
Contemplamos:
En nuestros días no funciona la cultura vocacional entre los más jóvenes. Las personas consagradas, los sacerdotes, las familias han perdido fuelle; no se atreven a hacer planteamientos vocacionales serios y menos a proponérselos a las nuevas generaciones. Seguir al Señor por el camino de la pobreza, castidad y obediencia no es camino fácil. Con todo, si alguien siente la llamada, busque aproximarse a la hospedería de algún monasterio para pasar unos días llenos de paz y vida espiritual.
Oramos:
“Señor, que nos diste a tu Hijo, hecho carne, que nos comunicó tus palabras y nos llamó para que te siguiéramos; Él que es el camino que nos conduce a ti, la verdad que nos hace libres, la vida que nos colma de alegría”. Te pedimos por intercesión de San Martín de Tours que nunca falten en tu Iglesia las vocaciones de especial consagración. Por Cristo nuestro Señor. Amén. (Cfr. Misal Romano, Plegaria Eucarística III. Jesús, camino hacia el Padre).
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Hechos 2: 42. 44.
“Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones… Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común”.
Interiorizamos la Palabra:
El Señor está presente entre los suyos y su acción salvadora hace crecer el grupo de creyentes. La presencia de Jesús se reconoce en la oración y en la comunidad. Aparece un nuevo estilo de vida que produce admiración y sorpresa a los de fuera. Su signo característico es la comunión de mesa y de bienes, compartidos según la necesidad de cada uno. Es la dirección que el Espíritu señala a la comunidad.
Contemplamos:
Generalmente las familias se esmeran en la preparación de sus hijos para un futuro profesional. La fe por desgracia ocupa poco espacio en sus preocupaciones. Hoy nos acostumbramos a ver como muchos abandonan la práctica religiosa y se alejan de la Iglesia. Nos duele sobre todo la juventud que se nos va. Comprendemos que lo de siempre no sirve pastoralmente hablando. Pero comprobamos también cómo el Espíritu rejuvenece a la Iglesia con nuevos movimientos, nuevos grupos, nuevas asociaciones. Con su fuera y nuestro testimonio podemos crear un nuevo estilo de vida.
Oramos:
“Señor, que compartiste en todo nuestra condición humana menos el pecado y anunciaste la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo”, concédenos por intercesión de San Martín de Tours la gracia de convertirnos y creer en el Evangelio. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. (Cfr. Misal Romano, Plegaria Eucarística IV).]]>

Sepulcro de San Martín en Tours
Juan. 13, 34:
“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros igual que yo os he amado, amaos también entre vosotros”.
Interiorizamos la Palabra:
La fuerza de las palabras de san Juan es enorme: “como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor”. Es decir, en el amor que os tengo. Se trata de recibir el amor del Padre, de consentir en el amor de Jesús, que es “comunión” con Dios y permanecer siempre en esta adhesión a Cristo. Quien vive en Cristo, no podrá hacer otra cosa más que actuar como Él.
Contemplamos:
Se nos han roto los sostenes clásicos del amor en la sociedad actual: el matrimonio, la familia, el hogar, la buena vecindad, la amistad verdadera. Desconfiamos los unos de los otros. Yo y mis gustos se constituyen en norma de comportamiento. El amor auténtico de entrega y generosidad por la persona amada no se valora. Manda la ley del aprovechamiento. Nos falta la unión con Dios en Cristo Jesús por el Espíritu: “permaneced en mí amor”.
Oramos:
“Señor, abre nuestros ojos para que conozcamos las necesidades de nuestros hermanos, inspíranos las palabras y las obras para confortar a los que están cansados y agobiados, siguiendo el ejemplo y mandato de Cristo”. Te lo pedimos por intercesión de San Martín, que renunció a las amas por amor, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. (Cfr. Misal Romano, Plegaria eucarística por diversas necesidades. IV. Jesús Pasó haciendo el bien).![300px-St._Martin_of_Tours[1]](https://catedralourense.com/wp-content/uploads/2018/11/300px-St._Martin_of_Tours1-1300x731.jpg)
Mateo 5, 9: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios”.
Interiorizamos la Palabra:
La paz es orden, perfección, acabamiento. Es el don de Dios por excelencia. La verdadera paz sólo la da Dios. Pero el hombre debe trabajar día a día para establecerla. El camino es obrar en derecho y en justicia. La bienaventuranza de la paz y de la misericordia sitúa al hombre frente al prójimo necesitado de ayuda. Reconciliar a los hombres entre sí es trabajar por la paz: familias, vecinos, enfrentamientos políticos…
Contemplamos:
El siglo XXI se presenta cargado de violencia: atentados terroristas nunca imaginados, guerras de “primaveras árabes”, persecuciones religiosas, migraciones causadas por el hambre, la guerra, la persecución, la insolidaridad. Tanto es así que el papa Francisco habla de una tercera guerra mundial “a trozos”. Algo está cambiando en el mundo, pero no acertamos a discernir el camino de la paz y de la harmonía universal.
Oramos:
“Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles “la paz os dejo, mi paz os doy”, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédenos la paz y la unidad”. Te lo pedimos por intercesión de San Martín de Tours, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. (Cfr. Misal Romano, Rito de la paz).]]>