Día 27 de abril, martes: 3º día de la novena.
Una primera respuesta: Job y el sufrimiento del inocente.

Día 27 de abril, martes: 3º día de la novena.
Una primera respuesta: Job y el sufrimiento del inocente.
Día 26 de abril, lunes: 2º día de la novena.
Buscando una respuesta al sentido del sufrimiento.
De S. Juan Pablo II: “Salvifici doloris” 6-8. D. Luis Manuel
La Sagrada Escritura es un gran libro sobre el sufrimiento. De los libros del Antiguo Testamento mencionaremos sólo algunos ejemplos de situaciones que llevan el signo del sufrimiento, ante todo moral: el peligro de muerte, la muerte de los propios hijos, y especialmente la muerte del hijo primogénito y único. También la falta de prole, la nostalgia de la patria, la persecución y hostilidad del ambiente, el escarnio y la irrisión hacia quien sufre, la soledad y el abandono. Y otros más, como el remordimiento de conciencia, la dificultad en comprender por qué los malos prosperan y los justos sufren, la infidelidad e ingratitud por parte de amigos y vecinos, las desventuras de la propia nación.
[…]La realidad del sufrimiento pone una pregunta sobre la esencia del mal: ¿qué es el mal? Esta pregunta parece inseparable, en cierto sentido, del tema del sufrimiento. La respuesta cristiana a esa pregunta es distinta de la que dan algunas tradiciones culturales y religiosas, que creen que la existencia es un mal del cual hay que liberarse. El cristianismo proclama el esencial bien de la existencia y el bien de lo que existe, profesa la bondad del Creador y proclama el bien de las criaturas. El hombre sufre a causa del mal, que es una cierta falta, limitación o distorsión del bien. Se podría decir que el hombre sufre a causa de un bien del que él no participa, del cual es en cierto modo excluido o del que él mismo se ha privado. Sufre en particular cuando «debería» tener parte —en circunstancias normales— en este bien y no lo tiene. Así pues, en el concepto cristiano la realidad del sufrimiento se explica por medio del mal que está siempre referido, de algún modo, a un bien.
Pensando en el mundo del sufrimiento en su sentido personal y a la vez colectivo, no es posible, finalmente, dejar de notar que tal mundo, en algunos períodos de tiempo y en algunos espacios de la existencia humana, parece que se hace particularmente denso. Esto sucede, por ejemplo, en casos de calamidades naturales, de epidemias, de catástrofes y cataclismos o de diversos flagelos sociales.
“Por tu pasión y muerte en cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia (breve silencio).
Oración:
Oh Dios, que quisiste que tu amantísimo Hijo sufriese por nosotros el suplicio de la Cruz para arrojar de nosotros la tiranía del enemigo, concédenos a tus siervos, conseguir la gracia de la Resurrección. Por Cristo Nuestro Señor. Amén
]]>NOVENA AL SANTO CRISTO DE OURENSE
ILMO. MONS. LUIS MANUEL CUÑA RAMOS
S.I. CATEDRAL-BASÍLICA DE SAN MARTÍN
25 DE ABRIL AL 3 DE MAYO DE 2021
Día 25 de abril, domingo: 1º día de la novena. IV domingo de Pascua
El mundo del sufrimiento humano
En este IV Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor, comenzamos esta novena al Santo Cristo inmersos todavía en una pandemia que ha provocado tanto dolor y muerte. A Él, Pastor de nuestras almas, pedimos hoy de forma especial por las vocaciones sacerdotales, por la santidad de los sacerdotes y suplicamos la gracia para comprender, a la luz de cuanto hemos vivido estos últimos meses, el sentido último del sufrimiento humano. Nuestra guía durante estos nueve días será San Juan Pablo II, un papa también probado por el dolor que nos ayudará, con su Carta Apostólica “Salvifici Doloris” (escrita en 1984), a ir descubriendo el profundo valor del dolor humano visto desde la cruz del Redentor.
De S. Juan Pablo II: Carta Apostólica “Salvifici doloris” 2-5. D. Luis Manuel
El tema del sufrimiento […] es un tema universal que acompaña al hombre […] En cierto sentido coexiste con él en el mundo y por ello hay que volver sobre él constantemente. […] La Iglesia, que nace del misterio de la redención en la cruz de Cristo, está obligada a buscar el encuentro con el hombre, de modo particular en el camino de su sufrimiento. En tal encuentro el hombre «se convierte en el camino de la Iglesia», y es este uno de los caminos más importantes.
El sufrimiento humano suscita compasión, suscita también respeto, y a su manera atemoriza. En efecto, en él está contenida la grandeza de un misterio específico. Este particular respeto por todo sufrimiento humano debe ser puesto al principio de cuanto será expuesto a continuación desde la más profunda necesidad del corazón, y también desde el profundo imperativo de la fe.
Puede ser que la medicina, en cuanto ciencia y a la vez arte de curar, descubra en el vasto terreno del sufrimiento del hombre el sector más conocido, el identificado con mayor precisión y relativamente más compensado por los métodos del «reaccionar» (es decir, de la terapéutica). Sin embargo, éste es sólo un sector. El hombre sufre de modos diversos, no siempre considerados por la medicina, ni siquiera en sus más avanzadas ramificaciones.
Aunque se puedan usar como sinónimos, hasta un cierto punto, las palabras «sufrimiento» y «dolor», el sufrimiento físico se da cuando de cualquier manera «duele el cuerpo», mientras que el sufrimiento moral es «dolor del alma». La extensión y la multiformidad del sufrimiento moral no son ciertamente menores que las del físico; pero a la vez aquel aparece como menos identificado y menos alcanzable por la terapéutica.
Por tu pasión y muerte en cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia (breve silencio).
Oh Dios, que quisiste que tu amantísimo Hijo sufriese por nosotros el suplicio de la Cruz para arrojar de nosotros la tiranía del enemigo, concédenos a tus siervos, conseguir la gracia de la Resurrección. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
]]>RITO PARA A ADMISIÓN DE CANDIDATOS Á ORDE SACERDOTAL.
SEMINARIO “REDEMPTORIS MATER”
24 – IV – 2021
NOVENA AL SANTO CRISTO DE OURENSE
Catedral Metropolitana de Compostela
Misa en acción de gracias en la S. I. Catedral de san Martín
por el Obispo Electo D. Francisco José Prieto Fernández,
Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela.
Día 7 – IV – 2021
«…llamó a los que Él quiso» (Mc 3, 13)
Exhortación apostólica postsinodal Pastores Gregis del santo padre Juan Pablo II (n. 10)
“La muchedumbre seguía a Jesús cuando Él decidió subir al monte y llamar hacia sí a los Apóstoles. Los discípulos eran muchos, pero Él eligió solamente a Doce para el cometido específico de Apóstoles (cf. Mc 3, 13-19). En el Aula Sinodal se escuchó frecuentemente el dicho de san Agustín: «Soy Obispo para vosotros, soy cristiano con vosotros». Como don que el Espíritu da a la Iglesia, el Obispo es ante todo, como cualquier otro cristiano, hijo y miembro de la Iglesia. De esta Santa Madre ha recibido el don de la vida divina en el sacramento del Bautismo y la primera enseñanza de la fe. Comparte con todos los demás fieles la insuperable dignidad de hijo de Dios, que ha de vivir en comunión y espíritu de gozosa hermandad. Por otro lado, por la plenitud del sacramento del Orden, el Obispo es también quien, ante los fieles, es maestro, santificador y pastor, encargado de actuar en nombre y en la persona de Cristo. Evidentemente, no se trata de dos relaciones simplemente superpuestas entre sí, sino en recíproca e íntima conexión, al estar ordenadas una a otra, dado que ambas se alimentan de Cristo, único y sumo sacerdote. No obstante, el Obispo se convierte en «padre» precisamente porque es plenamente «hijo» de la Iglesia. Se plantea así la relación entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial: dos modos de participación en el único sacerdocio de Cristo, en el que hay dos dimensiones que se unen en el acto supremo del sacrificio de la cruz. Esto se refleja en la relación que, en la Iglesia, hay entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial. El hecho de que, aunque difieran esencialmente entre sí, estén ordenados uno al otro, crea una reciprocidad que estructura armónicamente la vida de la Iglesia como lugar de actualización histórica de la salvación realizada por Cristo. Dicha reciprocidad se da precisamente en la persona misma del Obispo, que es y sigue siendo un bautizado, pero constituido en la plenitud del sacerdocio. Esta realidad profunda del Obispo es el fundamento de su «ser entre» los otros fieles y de su «ser ante» ellos. Lo recuerda el Concilio Vaticano II en un texto muy bello: «Aunque en la Iglesia no todos vayan por el mismo camino, sin embargo todos están llamados a la santidad y les ha tocado en suerte la misma fe por la justicia de Dios (cf. 2 P 1, 1). Aunque algunos por voluntad de Cristo sean maestros, administradores de los misterios y pastores de los demás, sin embargo existe entre todos una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y la actividad común para todos los fieles en la construcción del Cuerpo de Cristo. En efecto, la diferencia que estableció el Señor entre los ministros sagrados y el resto del Pueblo de Dios lleva consigo la unión, pues los Pastores y demás fieles están unidos entre sí porque se necesitan mutuamente. Los Pastores de la Iglesia, a ejemplo de su Señor, deben estar al servicio los unos de los otros y al servicio de los demás fieles. Éstos, por su parte, han de colaborar con entusiasmo con los maestros y los pastores»”. El ministerio pastoral recibido en la consagración, que pone al Obispo «ante» los demás fieles, se expresa en un «ser para» los otros fieles, lo cual no lo separa de «ser con» ellos. Eso vale tanto para su santificación personal, que ha de buscar en el ejercicio de su ministerio, como para el estilo con que lleva a cabo el ministerio mismo en todas sus funciones”.Domingo de Resurrección:
La Iglesia de los orígenes no celebró sino una sola fi esta, la Pascua. No solo era la fi esta por excelencia, sino la única fi esta, la fi esta total de la cual no podía existir ninguna otra. La muerte y resurrección de Jesucristo era el núcleo de la predicación apostólica, el contenido de la fe y de los sacramentos. La vida social de la comunidad consistía en reflejar la pascua de Jesús en la convivencia y en la calle. La pascua es tan antigua como la misma Iglesia. Todas las celebraciones han nacido de la pascua. La pascua de Cristo en nosotros como esperanza de la gloria, una esperanza viva para siempre. La pascua de Cristo no es solo un suceso que ocurre dentro de la historia. Es un acontecimiento que funda y configura la historia. Con la resurrección de Cristo la eternidad se inserta en el corazón del tiempo. Y el núcleo de la predicación apostólica es que el Viviente, Cristo vive dentro de la comunidad. La pascua nos hace contemporáneos y partícipes de Cristo y de los misterios redentores de su vida. Cristo con su muerte y resurrección destruyó nuestro hombre viejo. Resucitando recreó nuestra vida nueva. Hay algo maravilloso y evidente en nuestra fe: si Dios es amor, resucitar es amar. La resurrección es un mensaje de animación y de vida. Parte de nosotros, de un Cristo no solo conocido, sino vivido. La resurrección nos invita e invita a la comunidad cristiana a renovarnos, pero no a renovar solo los papeles, sino renovarnos las personas. Hay que establecer contactos, y no solo proyectos. Debemos renovar convenciendo, no venciendo y pasar a ser una Iglesia misionera y en permanente misión para ser testigo de “esperanza viva para siempre”. La resurrección de Cristo nos exige pasar de ser una Iglesia instalada en el mundo a una Iglesia siempre comprometida en el cambio del mundo y siempre comprometida en la causa de los pobres y olvidados (Pastoral diocesana).
Vixilia Pascual na Noite Santa
Mañá, as 19.30 horas, no sábado santo pola tardiña, ten lugar a celebración da Vixilia Pascual na Catedral. É unha noite de vela, conmemorando a Noite Santa na que o Señor resucitou. Por iso san Agostiño chamáballe a nai de tódalas santas vixilias”. Na Igrexa ortodoxa a celebración dura toda a noite e remata pola mañanciña do domingo ca nacida do sol. Estas son as partes a ter en conta: bendición del lume e encendido do cirio pascual (Cristo, luz do mundo); canto da Anxélica (precioso pregón pascual); coa palabra de Deus repaso a historia da salvación; bendición da auga, renovación das promesas bautismais e bautismo de catecúmenos. E, o máis importante, a celebración da Eucaristía da vixilia de pascua, Aleluia.
Venres Santo na Paixón do Señor
Santo Viacrucis en la Catedral
El Viacrucis es el ejercicio de piedad más valorado para venerar la Pasión del Señor, participando con su afecto en el último tramo del camino recorrido por Jesús durante su vida terrena: el Monte de los Olivos, el Monte Calvario, el jardín donde fue sepultado en un sepulcro nuevo. El Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media la peregrinación a Tierra Santa para visitar devotamente los lugares de la Pasión del Señor; la devoción a las «caídas de Cristo» bajo el peso de la Cruz; la devoción a los «caminos dolorosos de Cristo», la devoción a las «estaciones de Cristo», esto es, a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario. En su forma actual, que está ya atestiguada en la primera mitad del siglo XVII, En el ejercicio de piedad del Vía Crucis se acentúan varios rasgos de la espiritualidad cristiana: la comprensión de la vida como camino o peregrinación; la vida como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celeste; el deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo; las exigencias de la sequela Christi, llevando cada día la propia cruz (cfr. Lc 9,23)Pero, para realizar con fruto el Vía Crucis, debemos tener presentes lo que sigue: “el Vía Crucis es un ejercicio de piedad que se refiere a la Pasión de Cristo; sin embargo es oportuno que concluya de manera que los fieles se abran a la expectativa, llena de fe y de esperanza, de la Resurrección” Galería de fotos: