SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5, 8 – 10) En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. “Porque hoy nos concedes celebrar a la ciudad santa, la Jerusalén celeste, que es nuestra madre, donde eternamente ya te alaba la corona de nuestros hermanos. Hacia ella, como peregrinos guiados por la fe, nos apresuramos jubilosos, compartiendo la alegría por la glorificación de los mejores miembros de la Iglesia, en la que nos concedes también ayuda y ejemplo para nuestra debilidad. Por eso, con la muchedumbre de los santos y de los ángeles proclamamos tu grandeza y te alabamos clamando a una sola voz: Santo, Santo, Santo…” ¡Señor, gracias por compartir con nosotros tu santidad, por llamarnos a disfrutar eternamente de tu Presencia. Qué alegría tan grande poder alabarte junto con los ángeles, postrarnos ante tu Majestad para adorarte!Hoy, obsequio del libro Santoral de la S. I. Catedral de Ourense
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Neste mes de outubro celebramos o aniversario de esta encíclica con un lema claro e directo: “bautizados e enviados”. Trátase de que descubramos no noso bautismo a raíz de toda misión evanxelizadora; que aceptemos ser canles polos que a fe, don de Deus, poida chegar gratuitamente aos nosos irmáns. Trátase, en definitiva, de que saiamos de nos mesmos e nos abramos aos demais; de que as nosas relación cos outros xeren vida polo amor, polo diálogo, pola comprensión e misericordia, pola axuda desinteresada, sendo en todo clara expresión do amor de Deus Pai.
A Igrexa de Cristo segue en misión no mundo e precisa de mulleres e homes que, polo seu compromiso bautismal, respondan con xenerosidade a chamada de saír da casa, da súa familia, da súa patria, da súa lingua e ir ao encontro dos que nos esperan, porque precisan da nosa axuda en respecto e dignidade, en sanidade e hixiene, en educación e cultura e tamén en catequese para poder valorar a fe e coñecer mellor a Xesucristo.

Una tradición muy enraizada en Aragón hace llegar el origen del suntuario de la antigua Caesaraugusta (Zaragoza) a los inicios mismos del cristianismo (María se habría aparecido al apóstol Santiago en un pilar). Pero es a partir de la época moderna que el Pilar llega a ser un gran suntuario mariano de la Península Ibérica, con una irradiación hacia América Latina (Colón descubrió América este día de 1492). María, símbolo de la fortaleza en la fe, la seguridad de la esperanza y la constancia en la caridad.
Evangelio, Lc 11,27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
La verdadera sabiduría y la verdadera bienaventuranza la tendremos si, como María, la primera discípula de Jesús, sabemos escuchar a Dios con fe y obediencia. La escucha de la Palabra debe mejorar nuestra actitud interna y externa. Entonces es cuando se podrá decir que construimos nuestra casa sobre roca firme, y no sobre arena movediza. Santa María del Pilar, sustenta nuestra fe (Misa de cada día. Claret)
Conforme a la información que se dispone, la devoción de los guardias civiles a la Virgen en su advocación del Pilar, procede de aquella transmitida desde niños a los alumnos del Colegio de Huérfanos de Valdemoro.
En septiembre de 1864, fue destinado al Colegio de Valdemoro su primer Capellán Castrense, de nombre D. Miguel Moreno Moreno. Este sacerdote organizó la capilla del Centro, donde fue instalada una imagen de la Virgen del Pilar e introdujo a los jóvenes alumnos en la devoción y amor a la Virgen. Por disposición recogida en el Boletín Oficial del Cuerpo de 24 de septiembre de 1864, se nombró patrona del Colegio de Guardias Jóvenes a la Virgen del Pilar.
Con el tiempo, los guardias procedentes del Colegio fueron extendiendo la devoción a la Pilarica por toda la geografía nacional. Esta circunstancia fue determinante para que el 7 de enero de 1913, el Director General del Cuerpo (General Aznar) solicitara de S.M. la proclamación de la Virgen del Pilar como Patrona de la Guardia Civil. La orden sería firmada por D. Alfonso XIII con fecha 8 de febrero, publicándose en los correspondientes diarios oficiales.
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El retablo de San Roque, de San Sebastián y de San Eloy se atribuye a Castro Canseco. Desconocemos el autor de las imágenes de San Sebastián y de San Eloy. La imagen de San Roque es obra de Francisco de Moure del año 1598 y pintada en el mismo año por Manuel Develar. Entrando por la plaza del Trigo a la Catedral, mismo a la izquierda, encontramos el altar con retablo barroco de gremios, obra de Castro Canseco.
Roque, peregrino (16 de agosto). Ciudadano de Montpellier, en viaje de peregrinación a Roma, tanto a la ida como a la vuelta, se dedicó a la asistencia de los apestados y, según la tradición, el Señor le concedió el don de las curaciones. Vuelto Montpellier, no es reconocido y se le tiene por un espía y es encarcelado, dedicándose en la cárcel a la piedad y soportando la prisión con gran paciencia. A su muerte sus milagros lo dan a conocer. Muere el 16 de agosto de 1379. Es tardía la noticia de que hubiera sido terciario franciscano. Su culto se difundió por todo Occidente.
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La Virgen Inmaculada, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, el Señor, vencedor del pecado y de la muerte.
La asunción de la santísima Virgen en cuerpo y alma al cielo, constituye una participación singular en la resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos (cf. CEC 966).
La Madre de Jesús, glorificada en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro.
También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor, brilla ante el pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo (LG 68).]]>

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Marta, discípula del Señor (29 de julio). Hermana de Lázaro y María, aparece en el evangelio hospedando al Señor en su casa y siendo muy solícita para atenderle. Manda aviso al Señor de la grave enfermedad de su hermano, pero cuando el Señor llega a Betania, Lázaro ya está enterrado. Marta le dice a Jesús que si hubiera estado allí no habría muerto su hermano, pero aun así tiene fe, y cuando Jesús le pregunta si cree, ella afirma que cree que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir a este mundo. Cuando Jesús manda abrir el sepulcro de Lázaro, Marta objeta que ya hiede, pero el Señor la reafirma en la fe. En el banquete que se da a Jesús tras la resurrección de Lázaro, el evangelio señala que era Marta la que servía. Aparece así en los evangelios llena de fe y activa. Su culto es antiguo en Oriente y Occidente, donde ya la conmemora el Martirologio Jeronimiano. La leyenda le atribuye la captura de un dragón y la presenta con un hisopo de agua bendita.
Palabra de Dios: Juan 11, 23 – 27: «Jesús le dijo a Marta: «Tu hermano resucitará». Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».
Papa Francisco: “No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión”.
Oración
Dios, todopoderoso y eterno, tu Hijo se dignó hospedarse en la casa de santa Marta, concédenos, por su intercesión, que, sirviendo fielmente a Cristo en nuestros hermanos, merezcamos ser recibidos por ti en la morada celestial. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.]]>