Día 9º de la novena: fiesta del Santo Cristo de Ourense
Por tu pasión y tu Cruz, bendito Cristo de Ourense. Ampáranos compasivo en la vida y en la muerte
La Exhortación apostólica Dilexit nos enseña: «El Crucificado es el Resucitado. Estas llagas son signo de la injusticia y de la crueldad humana, es decir, de nuestros pecados y del perdón de Dios. Jesús conserva las llagas no como heridas infectadas que causan dolor, sino encendidas en amor. Jesús conserva estas llagas para siempre porque está lleno de amor que le llevó a la muerte por nuestros pecados. La herida del costado, de la que sale sangre y agua, sigue siendo la prueba de que él es la fuente de la vida. Así podremos nosotros conservar el recuerdo de lo perdonado«.
“Por tu pasión y muerte de cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia.
Momento de silencio:
Oh Dios – que quisiste – que tú amantísimo Hijo – sufriese por nosotros – el suplicio de la Cruz – para arrojar de nosotros – la tiranía del enemigo – concédenos a tus siervos – conseguir – la gracia de la resurrección. Por Cristo Nuestro Señor – AMÉN.
Por tu pasión y tu Cruz, bendito Cristo de Ourense. Ampáranos compasivo en la vida y en la muerte
Hermanos, Jesús nos dice hoy una palabra que lo cambia todo: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre». Dios no es lejano. No es desconocido. Tiene rostro. Y ese rostro es Jesucristo. Mirando a Cristo aprendemos cómo es Dios: cercano, compasivo, misericordioso, entregado. Un Dios que no se impone, sino que se da. Y esa entrega alcanza su plenitud en la Cruz.
Jesucristo, el Señor, ha venido a comunicarnos la vida nueva que brota de la Cruz. No es una idea, no es un símbolo: es una vida real, que se nos ofrece.
Si permanecemos en su amor, Él permanece en nosotros. Y entonces nuestra vida cambia. Se convierte en templo de Dios. Su amor nos ilumina, transforma nuestra manera de pensar y de actuar, se abre a los demás y alcanza cada situación de nuestra vida.
Por eso, la devoción al Santo Cristo no es solo mirar una imagen. Es dejarnos transformar por ese amor que contemplamos. Es aprender a vivir desde la Cruz, con un amor que se entrega, que perdona y que salva.
Como nos recuerda el papa León XIV, Cristo se hace presente en medio de la comunidad. Y es ahí donde esa vida nueva se hace visible y concreta. Hoy se nos pide algo claro: no quedarnos en una fe superficial. Vivir la vida nueva que Cristo nos da.
“Por tu pasión y muerte de cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia.
Momento de silencio:
Oh Dios – que quisiste – que tú amantísimo Hijo – sufriese por nosotros – el suplicio de la Cruz – para arrojar de nosotros – la tiranía del enemigo – concédenos a tus siervos – conseguir – la gracia de la resurrección. Por Cristo Nuestro Señor – AMÉN.
Por tu pasión y tu Cruz, bendito Cristo de Ourense. Ampáranos compasivo en la vida y en la muerte
Jesús ha vivido el ser infante, ser necesitado, dependiente. Él se ha hecho débil, el que era la fortaleza; el que es Señor de la Historia se ha hecho fragmento del tiempo. Obediente a María y a José ha permanecido como Hijo toda su vida. Ello no es inmadurez e imperfección sino confianza y simplicidad.
«Todo pastor, en efecto, antes incluso de dedicarse a la guía del rebaño, debe recordar constantemente que él mismo es discípulo del Maestro, junto con los hermanos y hermanas, porque «a lo largo de la vida se es siempre «discípulo», con el constante anhelo de «configurarse» con Cristo». Sólo esta relación de seguimiento obediente y de discipulado fiel puede mantener la mente y el corazón en la dirección correcta, a pesar de las dificultades que la vida puede depararnos» (León XIV)
Pidamos hoy por los bautizados, especialmente los sacerdotes, para que como el Divino Maestro que tuvo como alimento la voluntad del Padre también ellos cultiven su dimensión de discípulos mientras son misioneros.
“Por tu pasión y muerte de cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia.
Momento de silencio:
Oh Dios – que quisiste – que tú amantísimo Hijo – sufriese por nosotros – el suplicio de la Cruz – para arrojar de nosotros – la tiranía del enemigo – concédenos a tus siervos – conseguir – la gracia de la resurrección. Por Cristo Nuestro Señor – AMÉN.
Por tu pasión y tu Cruz, bendito Cristo de Ourense. Ampáranos compasivo en la vida y en la muerte
El papa León nos recuerda que «Ciertamente, el seguimiento de Jesucristo no es un camino ancho y cómodo, pero este sendero, a menudo exigente o incluso doloroso, conduce siempre a la vida y o la salvación (cf. Mt 7,13-14). Los Hechos de los Apóstoles hablan del camino nuevo (cf. Hch.19,9.23; 22,4.14-15.22), que es Jesucristo (cf. Jn.14,6): seguir al Señor compromete nuestros pasos en el camino de la cruz, que por medio de la conversión nos conduce a la santificación y a la divinización«.
En el camino de nuestra vida cristiana, que renovamos en la Pascua, empeñémonos en seguir con fidelidad a nuestro Señor sabiendo que la gracia nos precede y acompaña y que la cruz que experimentemos es camino a la Gloria.
“Por tu pasión y muerte de cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia.
Momento de silencio:
Oh Dios – que quisiste – que tú amantísimo Hijo – sufriese por nosotros – el suplicio de la Cruz – para arrojar de nosotros – la tiranía del enemigo – concédenos a tus siervos – conseguir – la gracia de la resurrección. Por Cristo Nuestro Señor – AMÉN.
Por tu pasión y tu Cruz, bendito Cristo de Ourense. Ampáranos compasivo en la vida y en la muerte
La devoción al Santo Cristo, como tantas otras manifestaciones de religiosidad popular, pueden constituir un auténtico humanismo cristiano que afirma la radical dignidad de toda persona, establece una fraternidad fundamental, enseño a encontrar la naturaleza y a comprender el trabajo y proporciona razones para la alegría y el humor, aún en medio de una vida dura.
El papa León nos dice que «La vida cristiana no se vive en aislamiento, como si fuera una aventura intelectual o sentimental, confinada en nuestra mente y en nuestro corazón. Se vive con los demás, en un grupo, en una comunidad, porque Cristo resucitado se hace presente entre los discípulos reunidos en su nombre»
Pidamos a Cristo que nos acoge a todos y en él somos introducidos en la fraternidad que Él inaugura, que vivamos intensamente la realidad comunitaria, ínsita a nuestra fe, en la comunión de la Iglesia.
“Por tu pasión y muerte de cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia.
Momento de silencio:
Oh Dios – que quisiste – que tú amantísimo Hijo – sufriese por nosotros – el suplicio de la Cruz – para arrojar de nosotros – la tiranía del enemigo – concédenos a tus siervos – conseguir – la gracia de la resurrección. Por Cristo Nuestro Señor – AMÉN.
Por tu pasión y tu Cruz, bendito Cristo de Ourense. Ampáranos compasivo en la vida y en la muerte
Con diferencia a otras religiones en las que el tiempo se opone a Dios y a la salvación, en la fe cristiana es el medio a través del cual Dios se sirve para encarnarse y para revelar su gracia.
Hay un doble movimiento: desde la creación hasta el pueblo elegido y de Cristo, Pastor y puerta de las ovejas, a través de la Iglesia, a toda la humanidad. Contemplemos hoy al Cristo con los brazos abiertos en la Cruz que se ha introducido en el mundo y en el tiempo, lugar teológico de la salvación, que nos está esperando para introducirnos en su Redención.
“Por tu pasión y muerte de cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia.
Momento de silencio:
Oh Dios – que quisiste – que tú amantísimo Hijo – sufriese por nosotros – el suplicio de la Cruz – para arrojar de nosotros – la tiranía del enemigo – concédenos a tus siervos – conseguir – la gracia de la resurrección. Por Cristo Nuestro Señor – AMÉN.
Por tu pasión y tu Cruz, bendito Cristo de Ourense. Ampáranos compasivo en la vida y en la muerte
Los milagros de Jesús en su vida física fueron ocasión para que los enemigos y discípulos pudieran comprender a Jesús y el tránsito de la autoridad profética a su realidad divina a través de su poder extraordinario.
Un poder que, como nos recordaba Benedicto XVI: “El pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho él mismocordero, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados. Precisamente así se revela Él como el verdadero pastor: «Yo soy el buen pastor Yo doy mi vida por las ovejas», dice Jesús de sí mismo (Jn 10, 14s.). No es el poder el que redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poderse justifican así, justifican la destrucción de loquese opondría al progreso y a la liberación de la humanidad. Nosotrossufrimos por lapaciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos supaciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo sesalva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo esredimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres”
“Por tu pasión y muerte de cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia.
Momento de silencio:
Oh Dios – que quisiste – que tú amantísimo Hijo – sufriese por nosotros – el suplicio de la Cruz – para arrojar de nosotros – la tiranía del enemigo – concédenos a tus siervos – conseguir – la gracia de la resurrección. Por Cristo Nuestro Señor – AMÉN.
Por tu pasión y tu Cruz, bendito Cristo de Ourense. Ampáranos compasivo en la vida y en la muerte
León XIV nos dice: «Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios»: así san Marcos titula su Evangelio, resumiendo todo su mensaje precisamente en el signo de la filiación divina de Jesucristo. Del mismo modo, el apóstol Pablo sabe que está llamado a anunciar el Evangelio de Dios sobre su Hijo muerto y resucitado por nosotros (cf. Rm 1,9), que es el «sí» definitivo de Dios a las promesas de los profetas (cf. 2 Co 1,1920). En Jesucristo, el Verbo que era Dios antes de los tiempos y por medio del cual todo fue hecho —recita el prólogo del Evangelio de san Juan—, «se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). En Él, Dios se ha hecho nuestro prójimo, de modo que todo lo que hagamos a cada uno de nuestros hermanos, a Él se lo hacemos (cf. Mt 25,40)
Los evangelios son los grandes «catecismos» de las primeras comunidades cristianas escritos para el anuncio, para la transmisión de la fe en la catequesis y para participar en las celebraciones litúrgicas. No pretenden realizar una fotografía de Jesús sino un retrato, una imagen interpretada y meditada. Con San Marcos hoy contemplemos, en este primer día de la novena, a Jesucristo como el Hijo de Dios.
“Por tu pasión y muerte de cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia.
Momento de silencio:
Oh Dios – que quisiste – que tú amantísimo Hijo – sufriese por nosotros – el suplicio de la Cruz – para arrojar de nosotros – la tiranía del enemigo – concédenos a tus siervos – conseguir – la gracia de la resurrección. Por Cristo Nuestro Señor – AMÉN.
Como pasa o tempo! Aínda semella que foi onte cando me ocupaba, con certa preocupación, da organización e do contido da novena ao Santo Cristo de Ourense. Hoxe, en cambio, ao achegarse estas datas tan queridas —do 25 de abril ao 3 de maio—, o que sinto é unha fonda ledicia que me enche o corazón: volve a solemne novena ao Santo Cristo. E estou seguro de que este mesmo sentir aniña tamén no corazón de tantos devotos da bendita imaxe que se venera na catedral basílica de San Martiño.
A devoción do pobo de Ourense ao Santo Cristo pérdese na noite dos tempos. Xa dende o século XII, os nosos devanceiros se achegaban con tenrura á imaxe románica do Cristo dos Desamparados, na xirola, na capela da Asunción, presidida polo retablo de Mateo de Prado. Alí latexaba xa unha fe sinxela e profunda, que co paso dos séculos non deixou de medrar. Cando o bispo Vasco Pérez Mariño decidiu incorporar á catedral a imaxe do Santo Cristo, do século XIV, atopou unha terra xa preparada. A presenza do Cristo crucificado estaba viva dende finais do século XII: un Cristo cravado nunha cruz de gaxos, coroado con coroa imperial, suxeito con catro cravos e cos pés apoiados nun supedáneo. Así, a tarefa foi máis ben un camiño de continuidade: trasladar unha devoción xa enraizada cara á nova imaxe do Santo Cristo, que dende entón preside a capela que leva o seu nome. Hoxe, co paso do tempo, ambas devocións seguen a convivir, como dous latexos dunha mesma fe, no corazón da nosa catedral.
Durante estes días de novena, a vida da catedral intensifícase. Polas mañás celebraranse tres misas (8:00, 10:30 e 11:30) e, xa pola tarde, reunirémonos ás 19:30 para o rezo do Santo Rosario, que dará paso á misa maior das 20:00. Como é costume, haberá confesores dispoñibles antes de cada misa, ofrecendo a oportunidade de reconciliación e encontro.
A novena será tamén tempo de renovación: renovación da nosa pertenza á Cofradía do Santo Cristo e ocasión para que outros se incorporen a esta familia de fe. Unha familia que non remata co paso do tempo, senón que se estende na oración e na memoria agradecida: ao longo do ano, lembramos aos confrades falecidos nas celebracións e, de maneira especial, cada día 3 de mes, cando se ofrece a misa por todos eles. É este un fermoso sinal da comuñón espiritual que nos une máis alá das distancias e mesmo da morte. Neste ano acompañaranos como predicador o M. I. Sr. D. José Seijo González, secretario do cabido catedralicio e vicario xudicial da diocese. E, con ilusión renovada, acolle tamén o seu servizo como reitor da Capela do Santo Cristo o M. I. Sr. D. Pablo César González Carballo, canónigo da catedral basílica e vicario do clero. Que esta novena sexa, unha vez máis, un tempo de graza, de encontro e de esperanza para todos.
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu Proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.