Misa exequial por los fallecidos
en la crisis del Covid-19
Hermanos: el Sr. Obispo de Ourense, D. Leonardo Lemos Montanet, ha presidido la celebración de esta misa funeral por los fallecidos en la crisis sanitaria de la Covid-19, que se ofrece «por los fallecidos en este tiempo de pandemia y, de manera especial, en nuestra Diócesis de Ourense». El mundo entero está sufriendo bajo la fuerza del mal de la pandemia del coronavirus: muchísimos contagiados, muchísimos muertos. En España esta fuerza se ha mostrado vigorosa en extremo; no sabemos cuántos, pero se cuentan por miles los que han fallecido, víctimas directas o como consecuencia de problemas colaterales. Muchas personas mayores han perdido la vida. Muchos han vivido sus últimos momentos en soledad y sin la compañía de las personas más queridas. Queremos recordad que en estos estos días la Iglesia ha seguido viva y presente. Los sacerdotes hemos ofrecido todos los días la misa por ellos, por los difuntos y por la salud de los enfermos, que han pasado este tiempo casi en soledad, pero no dejados de la Iglesia que ha orado por todos ellos. Y al final del estado de Alarma, «guardando las debidas disposiciones”, la Diócesis de Ourense, solidaria con los sufrimientos de sus hijos y hermanos, se une con dolor, con fe, con amor cristiano y esperanza, para ofrecer la Eucaristía en sufragio por todos ellos; para que Dios los haya acogido junto a Él en la casa del cielo; por las familias, que tanto han sufrido y están sufriendo, para que Dios las conforte, consuele y ayude ante tan grande desgracia. De manera especial recordamos a los sacerdotes D. José Rodríguez Gallego, quien fue Vicario para Asuntos económicos de la Diócesis, al Padre Cesar Maside Nóvoa, de la Congregación de la Misión, que fue Delegado Episcopal para la Vida Consagrada de la Diócesis, al Padre José María López Maside, CM y a los miembros de la Vida Consagrada Dña. Teresa y Dña. Rosa Mari (de Alianza en Jesús por María), Madre Florentina (Sierva de San José), Hermana Mercedes y Hermana. Pilar (Religiosas del Divino Maestro). Que en paz descansen. ]]>





Fruto de las encíclicas «Ad catolice sacerdote» y «Mediator Dei», la celebración de Jesucristo, Gran Sacerdote se inició en Madrid y Salamanca. En 1973 fue introducida en la liturgia hispana. «Cristo realmente es sacerdote, porque ofrece al Padre las oraciones y los anhelos religiosos de toda la humanidad; es también víctima, porque se pone él mismo en lugar del hombre pecador» (Pío XII, Mediator Dei). Por Él ofrecían la vida los primeros mártires: solo Él, con su sacrificio amoroso, ha construido el puente («pontífice») que conduce la humanidad a Dios.
La última cena expresa bien lo esencial del sacerdocio de Cristo. Su gran «sacrificio» no tiene nada que ver con la ofrenda de animales, sino con la ofrenda de sí mismo que ha caracterizado toda su vida: en el pan y el vino ofrecidos y compartidos expresa su vida entregada por nosotros y por toda la humanidad. Cada Eucaristía nos permite recordar y actualizar esta entrega, y añadir la nuestra. Nosotros, constituidos sacerdotes con Cristo por el bautismo, estamos llamados a hacer de nuestra vida una entrega generosa. Gracias, Señor, por ser el gran sacerdote compasivo que conoce bien nuestras debilidades (Misa Claret).
Los sacerdotes renuevan hoy las promesas sacerdotales ante su Obispo. Un día especial de oración por los sacerdotes. Por el aumento de vocaciones al sacerdocio. Por la permanencia de los sacerdotes en su entrega al servicio de la Iglesia. Por los sacerdotes para que se embarquen en la nueva evangelización a la que la Iglesia les invita. Recordando que un buen sacerdote hace una buena comunidad, y una buena comunidad hace un buen sacerdote.
Se hace en la Catedral, porque el Obispo es el supremo Pastor de la diócesis y la Catedral es su sede. Desde ella enseña, santifica y gobierna pastoralmente a toda la diócesis. Los santos óleos son la fuente de donde mana la vida de gracia sacramental para todos los cristianos. En esta fuente beberemos todos los diocesanos, pues los santos óleos serán llevados por los Srs. Arciprestes a todos y cada uno de los arciprestazgos, para que, desde allí, lleguen a todas las comunidades parroquiales. En cada comunidad parroquial han de ser Conservados en un lugar digno: un tabernáculo especial para los Santos Óleos.



























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