.El Patriarca San José vivió en la cercanía de Jesús y María y, por eso, es intercesor poderoso y amigo a quien podemos acudir eficazmente para encontrar consuelo y esperanza. En el silencio de Nazaret creció en el amor de Dios y se dejó llenar de la gracia de Aquel cuya custodia el Padre le confió.
Modelo de Esposo y padre, acogió siempre en su corazón la voluntad de Dios con espíritu diligente. Por ello confiadamente lo invocamos y devotamente nos encomendamos a su poderosa intercesión.
Oración del papa Francisco
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.
Jesús, José y María: Os doy el corazón y el alma mía; asistidme en mi última agonía; con vos descanse en paz el alma mía…
NOTA DE LOS OBISPOS DE LA PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE SANTIAGO ANTE LA SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ
La persona y la vida de San José tienen en la historia de nuestra salvación una importancia que ha sido reconocida siempre por la Santa Iglesia, la cual en sus leyes canónicas y en su disciplina litúrgica propone su fiesta como día de precepto (cf. canon 1246).
Tradicionalmente el pueblo cristiano ha secundado esta norma dando un significativo realce familiar y social a la fiesta del 19 de marzo. En este año 2023, el día 19 de marzo, Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María y fiesta de precepto en España, coincide con el IV domingo de Cuaresma.
Sin embargo, ese día prevalecen litúrgicamente las celebraciones del domingo de Cuaresma. En consecuencia, con el deseo de señalar el tratamiento debido que dicha fiesta debe tener por parte de la comunidad católica, y teniendo en cuenta la importancia que San José tiene en la vida de la Iglesia y en la tradición cristiana de nuestros pueblos, los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Santiago, para conocimiento de los fieles, disponemos:
1. Trasladar al lunes 20 de marzo, la Festividad litúrgica de San José. Sin embargo, el traslado de la Solemnidad no implica el traslado del precepto. Por lo tanto, el 20 de marzo, lunes, no es día de precepto. El fiel cristiano que participe en la Eucaristía dominical cumplirá el precepto de San José.
2. Siguiendo el calendario litúrgico, la Solemnidad de San José se celebrará únicamente a lo largo del día 20 de marzo.
3. Por razones pastorales, la oración y la colecta para el Seminario Diocesano se trasladan a la tarde del sábado, día 18, y al domingo, día 19 de marzo.
En la reflexión teológica que se incluye entre los materiales del día del Seminario de este año, se explica que el lema de esta jornada, «Levántate y ponte en camino», recogeuna de las expresiones más repetidas en la Sagrada Escritura, «Levántate». Junto con las palabras de Jesús, «Yo soy el camino».
La expresión «Levántate», matiza este texto, refleja que la historia de la salvación es «una permanente insistencia por parte de Dios en levantar al hombre que, una y otra vez, cae y se aparta del proyecto de vida que Dios le ofrece». Por eso, «la caídano es definitiva. Lo definitivo es la gracia que regenera y salva, es la presencia del Señor que levanta, que pone en pie, que nos anima a reemprender el camino con nuevos bríos, con nuevas fuerzas».
En esta reflexión, se invita a recorrer el ministerio público de Jesús con atención para descubrir que «el Señor se inclina ante aquel que está postrado para decirle una palabra de vida y ponerlo en pie, para restituirle en la dignidad que había perdido». Él «nos perdona, nos cura, nos levanta para que tomemos conciencia de quiénes somos en realidad» pues «conocer al Señor es el camino más corto y más rápido para conocernos a nosotros mismos, no solo con lo que dan de sí nuestras fuerzas, sino desde la luz que nace del encuentro con el Señor».
Estamos llamados a recorrer un camino
Pero, además, «estamos llamados a recorrer un camino, a llevar adelante la peregrinación de la fe, a correr en la carrera» sabiendo que caminamos porque hemos conocido a Jesús, que nos ha dicho: «Yo soy el camino».
La Sagrada Escritura y la historia de la Iglesia, señala, están repletas de testimonios de hombres y mujeres que «tomándose en serio la llamada del Señor han abandonado la comodidad de una vida quizá más segura, y se han lanzado por los caminos del mundo dejándose guiar por el Señor». Entre ellos, se proponen dos modelos de creyentes «que se pusieron en camino y cuyas vidas iluminan las nuestras: san Pablo y san Ignacio de Loyola».
El texto concluye agradeciendo que Dios Padre, en su Hijo, «nos ha llamado a vivir siempre con el corazón levantado» y que «nos ha dado a cada uno una vocación preciosa en su Iglesia que «tendrá como horizonte el servicio».
Dios sigue llamando, nuestros seminarios están llenos de historias de vida donde es fácil reconocer la huella de Dios, su voz resuena: «Levántate y ponte en camino».
Con la fiesta del Bautismo del Señor, que celebramos hoy, se concluye el tiempo litúrgico de Navidad. Al Niño, a quien los Magos de Oriente vinieron a adorar en Belén, ofreciéndole sus dones simbólicos, lo encontramos ahora adulto, en el momento en que se hace bautizar en el río Jordán por Juan. Los cuatro evangelistas coinciden en afirmar que el cielo se abrió y descendió el Espíritu en forma de paloma sobre Jesús. Y los tres sinópticos recogen las mismas palabras: “Este es mi Hijo, a quien yo amo, mi predilecto”.
Esa fue, pues, su primera manifestación pública, después de casi treinta años de vida oculta en Nazaret. Hoy Jesús se presenta ante su pueblo para realizar lo que escuchábamos en la segunda lectura: que con la fuerza del Espíritu Santo, “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”. Con esta fiesta se cierra el ciclo de las fiestas navideñas y se da comienzo al diálogo de Dios con Jesucristo y con nosotros (Homilía, osa)
Epifanía quiere decir manifestación de Jesús a todos los pueblos, representados hoy por los Magos, que llegaron a Belén desde Oriente para rendir homenaje al Rey de los judíos, cuyo nacimiento habían conocido por la aparición de una nueva estrella en el cielo.
Antes de la llegada de los Magos el conocimiento del nacimiento de Jesús apenas había superado el círculo familiar: además de María y José, y probablemente de otros parientes, sólo era conocido por los pastores de Belén, los cuales, al oír el gozoso anuncio, habían acudido a ver al Niño mientras aún se hallaba recostado en el pesebre. Así, la venida del Mesías, el esperado de las naciones, anunciado por los profetas, inicialmente permanecía oculto. Solo la llegada de los Magos a Jerusalén solicitando noticias acerca del “Rey de los judíos” le sacó del ocultamiento.
Los magos al buscar al rey de los judíos se dirigieron al palacio real, donde residía Herodes. Pero este no sabía nada de dicho nacimiento y, muy preocupado, convocó inmediatamente a los sacerdotes y los escribas, los cuales, basándose en la célebre profecía de Miqueas, afirmaron que el Mesías debía nacer en Belén. Y, de hecho, tras reanudar su camino en esa dirección, los Magos vieron de nuevo la estrella, que los guío hasta el lugar donde se encontraba Jesús. Al entrar, se postraron y lo adoraron, ofreciendo regalos simbólicos: oro, incienso y mirra. (cfr. monasteriodelescorial.com/homilia).
Comenzamos este primer día del año con la antigua formula de bendición, recogida en el libro de los Números, que reza así: “El Señor te bendiga y te guarde. El Señor ilumine su rostro sobre ti y te sea propicio. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”. Esto es lo que deseamos para ustedes al comenzar el año. Feliz año a todos.
Las lecturas de la Eucaristía nos recuerdan las tres cosas fundamentales que hemos de tener en cuenta al comienzo del año nuevo: la bendición de Dios, la oración por la paz y la presencia de la madre de Dios y madre nuestra en este año recién estrenado.
En esta fiesta de la Sagrada Familia nos acercamos a contemplar, de la mano de la Virgen María y de san José, el misterio del Dios encarnado por amor a nosotros, pidiéndoles que nos ayuden a descubrir la familia como lugar privilegiado de acogida y discernimiento de la vocación al amor. Oremos en esta celebración para que nuestros hogares sean semillero de vocaciones a los diversos estados de la vida cristiana.
ORACIÓN
Oh, Dios, te damos gracias porque nos permitiste participar de tu paternidad divina al darnos como don y regalo a nuestros hijos. Son tuyos y a ti te los ofrecemos. Te pedimos que nunca se aparten de ti: líbralos de todo mal, llévalos por el camino de la vida, protégelos al abrigo de tu corazón, cuídalos y consérvalos buenos, firmes en la fe y sanos en su alma y en su cuerpo. Dales luz para conocer tu proyecto de amor para ellos y la fuerza de tu Espíritu que los haga valientes para cumplirlo.
Y a nosotros, concédenos ser buenos padres para que a través de nuestro testimonio descubran el amor que les tienes. Que nuestra familia sea Betania donde tu corazón descanse, “iglesia doméstica” en que se alimente y cuide la vida de santidad, y semillero de vocaciones de los distintos estados de la vida cristiana.
A la Sagrada Familia de Nazaret confiamos nuestro hogar: guardadnos en vuestro amor y guiadnos siempre hasta el hogar del cielo. Amén.
El Cabildo de la Catedral Basílica de San Martín felicita las pascuas de Navidad al Señor Obispo
Ourense
22 – XII – 2022
“Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
y nació de Santa María Virgen”
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