Descanse en paz el M. I. Sr. D. Agustín Madarnás González,
Canónigo penitenciario emérito de la Catedral Basílica de san Martín.
R.I.P.

Con la celebración de las exequias por el eterno descanso de Agustín Madarnás González, damos nuestro último adiós a aquel que fue compañero nuestro por más de 50 años.
Natural de Santa María de Villar de Vacas, ayuntamiento de Cartelle. Estudió en el seminario de Ourense y se licenció en Teología en la pontificia universidad de Comillas con sede en Santander. Fue ordenado sacerdote en el año 1952, año en el que se integró como formador y profesor en el seminario menor. Agustín Madarnás formó parte del grupo de los sacerdotes que dieron relevo a los padres Paúles en el seminario menor, en tiempos del obispo Francisco Blanco Nájera. Coadjutor en la parroquia de la Santísima Trinidad y, desde allí, impulsor de la creación de la nueva parroquia de Santa Lucía de Rairo. Fue profesor de Religión y Moral Católica en el instituto Otero Pedrayo desde el año 1959 y canónigo penitenciario por oposición de la catedral de Ourense desde el año 1965. Fue consiliario de los hombres de acción católica, movimiento que conocía a la perfección y que alababa, defendía e impulsaba con gran ardor. Formó parte del equipo diocesano de sacerdotes que dieron a conocer los contenidos teológicos, bíblicos, litúrgicos y pastorales del concilio Vaticano II. Trabajó incansablemente en la información religiosa diocesana en Radio Popular de Ourense, se implicó en las catequesis sobre temática conciliar, organizando cursillos, convivencias, ejercicios espirituales. Agustín fue por mucho tiempo presidente del Montepío en la diócesis de Ourense y uno de los responsables directamente implicados en la gestión de la entrada de los sacerdotes en el régimen general de la Seguridad Social. Más tarde opositó a la cátedra de latín, siendo profesor del IES de Celanova y del IES Otero Pedrayo de Ourense. En el terreno de la enseñanza fue promotor del grupo sindical ANPE en la provincia, prestando con ello gran ayuda a sus amigos y compañeros, los profesores y personal administrativo. Buen conocedor del mundo del fútbol y muy bien relacionado con los entrenadores (+Luis Soria) y jugadores del Ourense y del Couto en sus tiempos de gloria. Según la norma de entonces, al jubilarse en la enseñanza, pasó también a ser canónigo emérito de la Catedral. Miembro del consejo presbiteral diocesano en representación de los sacerdotes mayores y enfermos. Falleció con 92 años. La calle del Paseo le recordará como hombre afable, cordial, con un saludo afectuoso para todos y siempre con algún problemilla a plantear para fomentar la conversación, animarla y estirarla un poco en el tiempo.
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El testimonio del Bautista sobre Jesús es muy valioso e importante. El evangelista, que fue su discípulo, lo recoge, lo medita y lo resume en una frase: «Ese es el Cordero de Dios»
Jesús es el Cordero de Dios. Y lo es de dos maneras, ya que, en lengua aramea, la misma palabra podía significar siervo y cordero. El Siervo del Señor, anunciado por el profeta Isaías, es anuncio de Jesús. Jesús es quien carga con los pecados de sus hermanos, los hombres, y se ofrece, inocente, para expiar por ellos. Él es «el que quita el pecado del mundo»~ es decir, el que restablece las relaciones de paz entre Dios y los hombres haciendo que éstos sean de nuevo hijos suyos. Todo esto lo recuerda la liturgia del Viernes Santo.
Mt. 16, 13-19
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Te daré las llaves del Reino. El llamado «poder de las llaves» es el mismo que Jesús tiene. Es el poder de «atar y desatar».
La expresión significaba, entre los judíos, prohibir o permitir; condenar o perdonar. Es decir, poder dar normas a la comunidad y poder admitir o separar de ella. En la Iglesia es un poder espiritual y se manifiesta, sobre todo, en el poder de perdonar los pecados. Jesús da esta autoridad a Pedro, pero también a los Apóstoles
La Iglesia católica afirma que los poderes de Pedro pasan a sus sucesores, los Papas. La Iglesia ortodoxa considera, más bien, que todos los obispos que confiesan la fe verdadera suceden a Pedro y a los Apóstoles. Las Comunidades eclesiales surgidas de la Reforma protestante piensan que Jesús dio estos poderes sólo a Pedro. Pero se debe reconocer que la fe católica al explicar este texto se apoya sobre la tradición, y que la interpretación que da, al interior de su fe, corresponde al pensamiento de Jesús.
Jn.20, 22-23.: Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».






