VIGILIA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
Día 23 de enero. A las 19 horas
S. I. Catedral

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VIGILIA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
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Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
“El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto, porque separados de mi nada podéis hacer” (Jn. 15, 5)
“Como tú Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado” (Jn. 17, 21)
En el hemisferio norte la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo, que tienen un hondo significado. En el hemisferio sur donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, las Iglesias frecuentemente adoptan otras fechas para celebrar la Semana de Oración, por ejemplo, en torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en 1926), que representa también otra fecha significativa para la unidad de la Iglesia.
]]>FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR
GRACIAS, SEÑOR, POR EL BAUTISMO
Gracias, Señor, por el sacramento del bautismo
que nos hace hijos tuyos por medio del agua
que riega y fecunda con tu gracia,
y por el Espíritu que enriquece con tu vida
hasta hacer que seas tú quien vive en nosotros
y que tu amor nos posea para siempre.
Gracias Jesús por la fe que nuestros padres
y antepasados nos transmitieron,
que hagamos crecer en nosotros esa luz de la fe.
Enséñanos a conservar sin mancha tu misma vida
hasta la vida eterna.
Queremos, Señor, llevar con garbo la dignidad
de ser hijos tuyos, hijos amados, queremos sentirnos
miembros activos y corresponsables de tu Iglesia.
Ayúdanos a activar nuestro bautismo, a tomarlo en serio,
a realizar la misión que nos has encomendado de servir,
de anunciar y construir el Reino.
Gracias por nuestro bautismo y por el amor que nos tienes (Catequesis P. Fátima).
SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
Gracias, Señor, por invitar a todos los pueblos a la salvación anunciada a Israel. Gracias por guiar a los magos hasta Belén. Así confirmaste a María y José que las palabras del ángel no habían sido un invento de su imaginación.
Concédenos la humildad y la fe de estos sabios que siguieron la luz de una estrella. Aunque nada indicaba que aquel niño fuera el rey de Israel, no cayeron en la trampa de las apariencias y se postraron ante Él. Jesús, nosotros también queremos reconocer tu realeza y rendirte el homenaje que mereces.
Porque no eres un rey que defiende los intereses de los poderosos, sino uno que cuida de los pobres y desvalidos.
Gracias por todas aquellas personas de nuestro entorno en quienes podemos reconocer tu presencia. Haz que estemos siempre dispuestos, preparados para tu venida, para que podamos recibir los regalos que nos ofreces por medio de nuestros hermanos (Misa Claret).
Solemnidad de Santa María Madre de Dios. En el año 431 se llevó a cabo el Concilio de Éfeso donde se proclamó oficialmente que María es Madre de Dios.
«Desde el principio la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es solo madre de la naturaleza, del cuerpo, sino también de la persona que es Dios desde toda la eternidad. Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. María, como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona. Por ello María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es a la vez Dios y hombre y, consecuentemente, es la Madre de Dios».
Consecuentemente:
“La cultura del cuidado como camino de paz”.
El Papa recuerda a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los responsables de las Organizaciones internacionales, a los líderes espirituales y a los fieles de las diversas religiones, y a los hombres y mujeres de buena voluntad, lo que escribió en la encíclica Fratelli Tutti: “en muchas partes del mundo se necesitan caminos de paz que lleven a la curación de las heridas, se necesitan artesanos de la paz dispuestos a iniciar procesos de curación y de encuentro renovado con ingenio y audacia”.
]]>JORNADA DE LA SAGRADA FAMILIA
27 de diciembre de 2020
“Los ancianos, tesoro de la Iglesia y la sociedad” es el lema de la Jornada de la Sagrada Familia 2020 que se celebra el domingo 27 de diciembre.
En este domingo de la Octava de Navidad, celebramos con inmenso gozo la fiesta de la Sagrada Familia, que se nos propone como modelo de confianza en Dios, de disponibilidad a su plan de salvación y de fidelidad para ponerlo en práctica. En el lenguaje común se interpreta “tesoro” como algo muy valioso que, precisamente por eso, se custodia con cuidado. Queremos en esta celebración dar gracias al Señor por el tesoro que son los mayores en la Iglesia y en la sociedad. Pidamos por ellos para que, en expresión del papa Francisco, permanezcan como árboles vivos, que en la vejez no dejan de dar fruto.
SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR
“En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno: Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que, conociendo a Dios visiblemente lleguemos al amor de lo invisible” (Natividad del Señor, Pref.)
Oramos con el Evangelio
Señor, gracias por enviar a tu mensajero
para anunciarnos la paz,
para traernos una Buena Noticia.
Hoy es un día de fiesta.
Tenemos motivos para gritar de júbilo,
para cantar y bailar de alegría.
Nos ha nacido un Salvador,
el Mesías, el Señor.
Quizás no esperábamos que Alguien tan grande
escogiera una familia tan sencilla,
un lugar tan humilde,
unas circunstancias tan difíciles
para hacer morada entre nosotros.
Pero tus designios son inescrutables
y tu sabiduría supera nuestras expectativas.
Gracias por descender a visitarnos.
Has querido presentarte como un niño,
para demostrar que habitas en la debilidad
del mundo,
que te pones en nuestras manos
para que te cuidemos,
que quieres atraernos con la ternura
de un recién nacido.
Que tu Espíritu nos revele el misterio
de la Navidad,
nos ayude a reconocer tu mano
en lo más cotidiano,
en una experiencia tan humana
como el nacimiento de un niño (Misal Claret).
¡Cantaré eternamente las misericordias del Señor!
BENDICIÓN DEL MISTERIO DE NAVIDAD
Durante estos días contemplaremos asiduamente en nuestros templos y en nuestro hogar el nacimiento y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar con nosotros. Pidamos, pues, a Dios que el nacimiento colocado en nuestros templos y en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente estas fiestas de Navidad. Lc 2, 4-7: Escuchamos la Palabra de Dios: En aquellos días, José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada. Palabra del Señor. ORACIÓN DE BENDICIÓN Señor Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos entregaste a tu Hijo único nacido de María la Virgen, dígnate bendecir + este nacimiento y a la comunidad cristiana que está aquí presente, para que las imágenes de este nacimiento ayuden a profundizar en la fe a los adultos y a los niños. Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén. Cristo, el Señor, que se ha aparecido en la tierra y ha querido convivir con los hombres nos bendiga y nos guarde en su amor. Todos responden. Amén.La vida es un don, la eutanasia un fracaso
Conferencia Episcopal Española ante la aprobación en el Congreso de los Diputados de la ley de la eutanasia
“Convocamos a los católicos españoles a una Jornada de ayuno y oración el próximo miércoles 16 de diciembre para pedir al Señor que inspire leyes que respeten y promuevan el cuidado de la vida humana. Invitamos a cuantas personas e instituciones quieran unirse a esta iniciativa”.
Día 16, miércoles, a las 19.30, en la S. I. Catedral
Preside el Sr. Obispo
CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
III DOMINGO DE ADVIENTO.
Bienvenidos a esta celebración en la S. I. Catedral. Es una fiesta encontrarnos aquí niños y niñas, acompañados de nuestras familias y catequistas, con las imágenes del Niño Jesús. Nos saludamos como verdaderos hermanos y amigos, alegramos nuestro corazón y nuestras caras porque Jesús está entre nosotros y se acerca la gran fiesta de la Navidad, en la que Él quiere nacer de nuevo entre nosotros.
Lectura de primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 16-24
Hermanos: Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la Paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.
Oración de bendición de las imágenes del Niño Jesús
Después de haber recibido a Jesús, Pan de Vida, alimento para nuestra fe, ahora vamos a bendecir las imágenes del Niño Jesús que habéis traído esta mañana y que serán colocadas en los belenes de vuestras casas: representan la ternura y el amor del Hijo de Dios que quiso y quiere seguir naciendo entre nosotros, y así bendecir también a vuestros hogares y familias. ¡¡Levantad las imágenes del Niño Jesús!!
Oh Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos has entregado a tu único Hijo Jesús, nacido de la Virgen María, para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti, te pedimos que con tu bendición + estas imágenes del Niño Jesús nos ayuden a celebrar la Navidad con alegría y a ver a Cristo presente en todos los que necesitan nuestro amor. Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén
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