Solemnidad de Pentecostés
Día de Pentecostés, en el que se concluyen los sagrados cincuenta días de la Pascua y se conmemoran, junto con la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y el inicio de la misión apostólica a todas las tribus, lengua, pueblos y naciones (elog. del Martirologio Romano).
Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar
El Espíritu inunda toda nuestra vida, toda la iglesia y toda la sociedad: lo envuelve todo, lo invade todo para que no triunfe el desánimo, la indiferencia o la falta de coraje en aquello que hemos de llevar adelante. Impulsa a los misioneros a llevar el mensaje de Jesús, a los papás a hablarles a sus hijos de Jesús, a nosotros a entender la Palabra y a hacerla vida, a recibir la gracia en los sacramentos, al Papa a renovar la Iglesia, a los jóvenes a dar su sí a Jesús, a los cansados a ser fuertes, a los cristianos a entusiasmarnos y vivir alegres, a nosotros a ver a los necesitados y echarles una mano.Galería de Fotos:
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Comentario:
Como colofón de la Novena al Santo Cristo, la Iglesia nos invita a mirar a los santos Felipe y Santiago, para dejarnos conquistar el corazón por el amor de Jesucristo que hemos contemplado en estos días de gracia; ese mismo amor que encendía cada día el fuego de la fe en su corazón de apóstoles.
Del Papa Francisco. Gaudete et exultate. 136-139.
Es verdad que hay que abrir la puerta del corazón a Jesucristo, porque él golpea y llama (cf. Ap 3,20). Pero a veces me pregunto si, por el aire irrespirable de nuestra autorreferencialidad, Jesús no estará ya dentro de nosotros golpeando para que lo dejemos salir. En el Evangelio vemos cómo Jesús «iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios» (Lc 8,1).
Dejemos que el Señor venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Dejemos que el Espíritu Santo nos haga contemplar la historia en la clave de Jesús resucitado. De ese modo la Iglesia, en lugar de estancarse, podrá seguir adelante acogiendo las sorpresas del Señor.
“Por tu pasión y muerte en cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia (breve silencio).
Oración:
Oh Dios, que quisiste que tu amantísimo Hijo sufriese por nosotros el suplicio de la Cruz para arrojar de nosotros la tiranía del enemigo, concédenos a tus siervos, conseguir la gracia de la Resurrección. Por Cristo Nuestro Señor. Amén]]>

Comentario:
La coherencia de vida, la autenticidad, el gozo de llevar a Jesucristo grabado a fuego en el alma y en el corazón e intentar vivir cada día a su estilo, identificándonos con Él. Ciertamente todo un capítulo siempre pendiente, y quizá más que nunca en nuestros días. Señalaba S. Francisco de Asís que mucha gente nunca abriría en su vida una Biblia para leer una palabra del Evangelio, decía él que el único Evangelio abierto que verían sería nuestra propia vida de Cristianos.
Del Papa Francisco. Gaudete et exultate. 90-94.
«Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos». Si no queremos sumergirnos en una oscura mediocridad no pretendamos una vida cómoda, porque «quien quiera salvar su vida la perderá» (Mt 16,25).
No se puede esperar, para vivir el Evangelio, que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra
Jesús dice que habrá felicidad cuando «os calumnien de cualquier modo por mi causa» (Mt 5,11). Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad.
“Por tu pasión y muerte en cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia (breve silencio).
Oración:
Oh Dios, que quisiste que tu amantísimo Hijo sufriese por nosotros el suplicio de la Cruz para arrojar de nosotros la tiranía del enemigo, concédenos a tus siervos, conseguir la gracia de la Resurrección. Por Cristo Nuestro Señor. Amén]]>

Comentario:
La entrega de Jesús es signo del amor de Dios al mundo y a cada uno en particular. Es el amor que sale fuera de sí, es el amor que no se reserva nada, es el amor que se entrega en sacrificio hasta dar la vida en el altar de la Cruz. En este día mira cómo Jesucristo está puesto en la Cruz por ti. Llevemos este amor que tocamos en Jesucristo a las entrañas de este mundo, indigente de un amor verdadero que sea digno de fe.
Del Papa Francisco. Gaudete et exultate. 104- 107.
Podríamos pensar que damos gloria a Dios solo con el culto y la oración, o únicamente cumpliendo algunas normas éticas ―es verdad que el primado es la relación con Dios―, y olvidamos que el criterio para evaluar nuestra vida es ante todo lo que hicimos con los demás.
Es lo que había comprendido muy bien santa Teresa de Calcuta: «Sí, tengo muchas debilidades humanas, muchas miserias humanas. […] Pero él baja y nos usa, a usted y a mí, para ser su amor y su compasión en el mundo, a pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestras miserias y defectos. Él depende de nosotros para amar al mundo y demostrarle lo mucho que lo ama. Si nos ocupamos demasiado de nosotros mismos, no nos quedará tiempo para los demás».
“Por tu pasión y muerte en cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia (breve silencio).
Oración:
Oh Dios, que quisiste que tu amantísimo Hijo sufriese por nosotros el suplicio de la Cruz para arrojar de nosotros la tiranía del enemigo, concédenos a tus siervos, conseguir la gracia de la Resurrección. Por Cristo Nuestro Señor. Amén
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