Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, quien, con estos alimentos sagrados, ofrece el remedio de la inmortalidad y la prenda de la resurrección (elog. Del Martirologio Romano).
Procesión con el Santísimo por las calles de la ciudad de Ourense: Lepanto, Santo Domingo, Parque de San Lázaro, calle del Paseo, Lamas Carvajal, Plaza Mayor, Plaza de San Martín y Catedral.
El don del pan de vida: El don del pan de vida, que es Jesucristo, se concreta en el sacramento de la Eucaristía. Es, a la vez, el memorial del sacrificio en la cruz y de la resurrección, el signo de una nueva alianza establecida por Dios con la humanidad, el alimento perdurable y la continuación de la presencia de Jesús en medio de nosotros.
Pange, lingua, gloriosi Corporis mysterium, Sanguinisque pretiosi, Quem in mundi pretium Fructus ventris generosi Rex effudit gentium.
Nobis datus, nobis natus Ex intacta virgine, Et in mundo conversatus, Sparso verbi semine, Sui moras incolatus Miro clausit ordine.
In supremae nocte coenae Recumbens cum fratribus Observata lege plene Cibis in legalibus, Cibum turbae duodenae Se dat suis manibus.
Verbum caro, panem verum Verbo carnem efficit: Fitque sanguis christi merum, Et si sensus deficit, Ad firmandum cor sincerum Sola fides sufficit.
Tantum ergo sacramentum Veneremur cernui: Et antiquum documentum Novo cedat ritui: Praestet fides supplementum Sensuum defectui.
Genitori, genitoque Laus et jubilatio, Salus, honor, virtus quoque Sit et benedictio: Procedenti ab utroque Compar sit laudatio.
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El aniversario de la Dedicación de la S. I. Catedral es el 23 de junio. Como en este año coincide en domingo y el día 24 es la Natividad de San Juan Bautista, el aniversario se celebra el día 22 de junio.
Cando se construye un templo, un edificio para congregar al pueblo de Dios y celebrar los sagrados misterios, debe dedicarse con una solemne celebración (primera dedicación en 1188). Puede dedicarse una iglesia en la que se celebran habitualmente los sagrados misterios si en éstas el altar no está aún dedicado, o si se trata de un edificio que ha cambiado ya sea en su construcción material (por ejemplo, si la iglesia fue radicalmente restaurada) (segunda dedicación en 1515) con la edificación del cimborrio. En el 1720 (tercera dedicación) con la inclusión en el retablo mayor de los relicarios de Facundo y Primitivo, y de Santa Eufemia. Y, por último, con la acomodación del altar mayor a la renovación litúrgica del concilio Vaticano II, siendo obispo de Ourense el Excmo. y Rvdmo. Sr. Doctor, D. Ángel Temiño Sainz, en el año 1965. Se construyó la escalinata al altar mayor debajo del cimborrio, el estrado en ese mismo nivel y la bajada al coro, por la parte de atrás y acceso a los sitiales, debajo mismo del retablo mayor.
Cuando se dedica una iglesia, todo lo que se encuentra en ella (fuente bautismal, cruces, imágenes, campanas, estaciones del Vía Crucis, etc.) queda bendecido con la dedicación.
La iglesia que se dedica debe tener un titular, que puede ser la Santísima Trinidad, nuestro Señor Jesucristo (bajo la invocación de un misterio de su vida o de un nombre ya introducido en la Liturgia), el Espíritu Santo, la Bienaventurada Virgen María (bajo una de las advocaciones admitidas en la Liturgia), los santos Ángeles, o un santo que figure en el Martirologio Romano. En el caso de la S. I. Catedral es San Martín de Tours.
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Día de Pentecostés, en el que se concluyen los sagrados cincuenta días de la Pascua y se conmemoran, junto con la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y el inicio de la misión apostólica a todas las tribus, lengua, pueblos y naciones (elog. del Martirologio Romano).
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Comentario:
Como colofón de la Novena al Santo Cristo, la Iglesia nos invita a mirar a los santos Felipe y Santiago, para dejarnos conquistar el corazón por el amor de Jesucristo que hemos contemplado en estos días de gracia; ese mismo amor que encendía cada día el fuego de la fe en su corazón de apóstoles.
Del Papa Francisco. Gaudete et exultate. 136-139.
Es verdad que hay que abrir la puerta del corazón a Jesucristo, porque él golpea y llama (cf. Ap 3,20). Pero a veces me pregunto si, por el aire irrespirable de nuestra autorreferencialidad, Jesús no estará ya dentro de nosotros golpeando para que lo dejemos salir. En el Evangelio vemos cómo Jesús «iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios» (Lc 8,1).
Dejemos que el Señor venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Dejemos que el Espíritu Santo nos haga contemplar la historia en la clave de Jesús resucitado. De ese modo la Iglesia, en lugar de estancarse, podrá seguir adelante acogiendo las sorpresas del Señor.
“Por tu pasión y muerte en cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia (breve silencio).
Oración:
Oh Dios, que quisiste que tu amantísimo Hijo sufriese por nosotros el suplicio de la Cruz para arrojar de nosotros la tiranía del enemigo, concédenos a tus siervos, conseguir la gracia de la Resurrección. Por Cristo Nuestro Señor. Amén]]>

Comentario:
La coherencia de vida, la autenticidad, el gozo de llevar a Jesucristo grabado a fuego en el alma y en el corazón e intentar vivir cada día a su estilo, identificándonos con Él. Ciertamente todo un capítulo siempre pendiente, y quizá más que nunca en nuestros días. Señalaba S. Francisco de Asís que mucha gente nunca abriría en su vida una Biblia para leer una palabra del Evangelio, decía él que el único Evangelio abierto que verían sería nuestra propia vida de Cristianos.
Del Papa Francisco. Gaudete et exultate. 90-94.
«Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos». Si no queremos sumergirnos en una oscura mediocridad no pretendamos una vida cómoda, porque «quien quiera salvar su vida la perderá» (Mt 16,25).
No se puede esperar, para vivir el Evangelio, que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra
Jesús dice que habrá felicidad cuando «os calumnien de cualquier modo por mi causa» (Mt 5,11). Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad.
“Por tu pasión y muerte en cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia (breve silencio).
Oración:
Oh Dios, que quisiste que tu amantísimo Hijo sufriese por nosotros el suplicio de la Cruz para arrojar de nosotros la tiranía del enemigo, concédenos a tus siervos, conseguir la gracia de la Resurrección. Por Cristo Nuestro Señor. Amén]]>

Comentario:
La entrega de Jesús es signo del amor de Dios al mundo y a cada uno en particular. Es el amor que sale fuera de sí, es el amor que no se reserva nada, es el amor que se entrega en sacrificio hasta dar la vida en el altar de la Cruz. En este día mira cómo Jesucristo está puesto en la Cruz por ti. Llevemos este amor que tocamos en Jesucristo a las entrañas de este mundo, indigente de un amor verdadero que sea digno de fe.
Del Papa Francisco. Gaudete et exultate. 104- 107.
Podríamos pensar que damos gloria a Dios solo con el culto y la oración, o únicamente cumpliendo algunas normas éticas ―es verdad que el primado es la relación con Dios―, y olvidamos que el criterio para evaluar nuestra vida es ante todo lo que hicimos con los demás.
Es lo que había comprendido muy bien santa Teresa de Calcuta: «Sí, tengo muchas debilidades humanas, muchas miserias humanas. […] Pero él baja y nos usa, a usted y a mí, para ser su amor y su compasión en el mundo, a pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestras miserias y defectos. Él depende de nosotros para amar al mundo y demostrarle lo mucho que lo ama. Si nos ocupamos demasiado de nosotros mismos, no nos quedará tiempo para los demás».
“Por tu pasión y muerte en cruz, bendito Cristo de Ourense, ampáranos en la vida y en la muerte”. Pidamos al Santo Cristo de Ourense por nuestras intenciones y por las intenciones de toda la Iglesia (breve silencio).
Oración:
Oh Dios, que quisiste que tu amantísimo Hijo sufriese por nosotros el suplicio de la Cruz para arrojar de nosotros la tiranía del enemigo, concédenos a tus siervos, conseguir la gracia de la Resurrección. Por Cristo Nuestro Señor. Amén
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