Xoves Santo na cea del señor
Coa misa vespertina do xoves santo, a Igrexa comeza o Triduo Pascual e evoca aquela cea na que o Señor Xesús, na noite na que ía ser entregado, amou ata o extremo aos seus que estaban no mundo, ofreceulle a Deus Pai o seu Corpo e o seu Sangue baixo as especies de pan e viño e déullelos aos seus discípulos para que os comesen e bebesen, co encargo de que, en adiante, eles fixeran o mesmo.
Fai tempo, nos nosos pobos, cando se escoitaban as campás anunciando o inicio do triduo sacro, cesaba toda actividade agrícola e gandeira. Era tempo sagrado.
Toda a atención do espírito debe centrarse nos misterios que se lembran na Misa: é dicir, a institución da Eucaristía, a institución da orde sacerdotal e o mandamento do Señor sobre a caridade fraterna; estes son os puntos que os fieis deben lembrar para que tan grandes misterios penetren máis a fondo na súa piedade e para que os vivan intensamente tanto nas súas costumes coma na súa vida.
Con esta celebración comezamos o santo Triduo Pascual da paixón, morte e resurrección do Señor. Con esta misa a Igrexa quere que vexamos a indisoluble unidade da Eucaristía coa cruz. A Eucaristía é o sacramento do sacrificio redentor. A morte de Xesús no Calvario faise para nós próxima e efectiva na celebración desta Eucaristía. Hoxe destacan o amor e a actitude de servizo de Cristo, entregándose voluntariamente á súa paixón por nós; o que se entende hoxe sobre todo no rito do lavado dos pés. O acto máis importante na liturxia de hoxe é participar na misa comulgando. A procesión ao monumento e a posterior adoración, ata a media noite, prolongarán a contemplación do celebrado na misa.
Oficio de lecturas e laudes






































]]>






El testimonio del Bautista sobre Jesús es muy valioso e importante. El evangelista, que fue su discípulo, lo recoge, lo medita y lo resume en una frase: «Ese es el Cordero de Dios»
Jesús es el Cordero de Dios. Y lo es de dos maneras, ya que, en lengua aramea, la misma palabra podía significar siervo y cordero. El Siervo del Señor, anunciado por el profeta Isaías, es anuncio de Jesús. Jesús es quien carga con los pecados de sus hermanos, los hombres, y se ofrece, inocente, para expiar por ellos. Él es «el que quita el pecado del mundo»~ es decir, el que restablece las relaciones de paz entre Dios y los hombres haciendo que éstos sean de nuevo hijos suyos. Todo esto lo recuerda la liturgia del Viernes Santo.
Mt. 16, 13-19
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Te daré las llaves del Reino. El llamado «poder de las llaves» es el mismo que Jesús tiene. Es el poder de «atar y desatar».
La expresión significaba, entre los judíos, prohibir o permitir; condenar o perdonar. Es decir, poder dar normas a la comunidad y poder admitir o separar de ella. En la Iglesia es un poder espiritual y se manifiesta, sobre todo, en el poder de perdonar los pecados. Jesús da esta autoridad a Pedro, pero también a los Apóstoles
La Iglesia católica afirma que los poderes de Pedro pasan a sus sucesores, los Papas. La Iglesia ortodoxa considera, más bien, que todos los obispos que confiesan la fe verdadera suceden a Pedro y a los Apóstoles. Las Comunidades eclesiales surgidas de la Reforma protestante piensan que Jesús dio estos poderes sólo a Pedro. Pero se debe reconocer que la fe católica al explicar este texto se apoya sobre la tradición, y que la interpretación que da, al interior de su fe, corresponde al pensamiento de Jesús.
Jn.20, 22-23.: Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».


